Sobre la libertad de prensa en México, el levantamiento zapatista y el racismo
Por: Axel Barra
En la mañana del Año Nuevo de 1994, amanecí en la casa de mi mejor amigo checo en Vlašim, un pequeño pueblo de Bohemia. Ese día despertamos con la noticia de que un grupo armado de indígenas había tomado por la fuerza las cabeceras municipales de Chiapas. La forma en que se dio la noticia en la República Checa, llamando a los rebeldes “indios”, me llamó mucho la atención.
Al principio no se sabía quiénes eran ni qué querían, así que se les llamó por lo que parecía su origen étnico. Pero, ¿por qué, si desde el punto de vista europeo todos los mexicanos deberíamos ser iguales, tenía tanta importancia mencionar el origen étnico diciendo “indios”? Si hubiera una revuelta de ciudadanos franceses, nadie daría la noticia mencionando su grupo étnico, a menos que fueran extranjeros de piel oscura; entonces dirían “africanos” o “árabes”.
Lo peor fue escuchar, unos días después, cómo se dio la noticia en México en el noticiero de 24 horas conducido por Jacobo Zabludovsky. Los llamaron indios manipulados por hombres blancos, comunistas extranjeros. Ni siquiera se les concedió la posibilidad de haber emprendido una lucha contra la desigualdad social por cuenta propia.
Con la edad fui reafirmando mi convicción de que en México seguimos siendo racistas y muy elitistas entre nosotros, sobre todo las clases media y alta en relación con los menos favorecidos. Los europeos, y en particular los checos, son también racistas en mi opinión, pero no entre ellos. Los checos son muy parecidos en rasgos étnicos; nunca percibí racismo entre pueblos típicamente europeos, pero sí de todos ellos hacia los gitanos, árabes, vietnamitas o africanos.
En Alemania, por ejemplo, no quieren a los turcos que llevan varias generaciones viviendo allá tras el acuerdo de 1961. Sus hijos aprendieron a hablar alemán como nativos, pero los germanos no los consideran alemanes a pesar de tener la ciudadanía.
Regresando al Año Nuevo en la República Checa, la noticia en Europa corrió como la pólvora, mientras en México los medios callaron lo más posible. Fue vergonzoso reconocer que en mi país no existía todavía la libertad de prensa. Cuando llamé a mis padres, me dijeron sorprendidos que en la televisión todavía no decían nada.
En esa época, una noticia tan relevante no podía ser difundida sin el aval expreso del presidente. El único diario que dio la noticia fue La Jornada y la revista Proceso. La censura en México era más bien una “autocensura”. Así pasó con Excélsior en 1968, al cual se le estranguló económicamente para obligar el despido de su director. Televisa esperó varias horas antes de dar la noticia autorizada por el Estado, sugiriendo que extranjeros comunistas se hacían pasar por indígenas.
Comentarios
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Increíble relato sobre la casa. Siempre me dio curiosidad esa fachada, ahora conozco la historia de Osvaldo.
Publicado el 3 de marzo, 2026